Ir al contenido
ARE U LIVING IN THE REAL WORLD?
Escrito originalmente enMedium4 min de lecturaEn español

Suerte

Idioma

Este tema existe solo en español. Aún no hay par en inglés.

Si algo he aprendido, es que la suerte rara vez es espontánea.

Si algo he aprendido, es que la suerte rara vez es espontánea. Es un fenómeno que depende, en gran medida, de nuestras acciones, elecciones y preparación. Estar en el lugar adecuado en el momento adecuado no sucede por accidente; sucede porque, consciente o inconscientemente, te mueves hacia los espacios donde esas oportunidades pueden surgir. Pero estar ahí no es suficiente. La verdadera suerte se concreta cuando tienes la capacidad mental, física y emocional para afrontar y aprovechar el momento. ¿De qué sirve cruzarte con una gran oportunidad si no estás listo para sostenerla? La preparación no es solo técnica; es un trabajo integral que abarca lo que sabes, lo que sientes y lo que eres. Es construirte para que, cuando llegue ese instante que otros llaman suerte, seas capaz de mirarlo de frente, tomarlo y hacerlo tuyo.

Lo entendí de manera muy clara en 2016. Llevaba unos años trabajando en un producto, resolviendo un problema que sabía que era real, pero sin mayores ambiciones más allá de sacar adelante lo que estaba construyendo. Un día, casi al cierre de la convocatoria de Y Combinator, un amigo me lanzó una pregunta casual: “¿Ya aplicaste a YC?” Mi primera reacción fue de desconcierto. Ni siquiera sabía qué era YC. Sin embargo, esa chispa de curiosidad me llevó a investigar y descubrir que se trataba de una aceleradora de startups. No tenía idea de que era la más importante del mundo. A pesar de la premura, decidimos aplicar. Sin un plan muy estructurado ni demasiadas expectativas, presentamos nuestra solicitud. Lo que sucedió después podría parecer un golpe de suerte: pasamos a la entrevista en nuestro primer intento y, sorprendentemente, fuimos aceptados en uno de sus programas.

Pero no fue suerte. Si pienso en retrospectiva, lo que nos permitió estar ahí fue el trabajo previo, las noches de esfuerzo, los errores corregidos y el hecho de haber estado construyendo algo significativo. Esa oportunidad no habría significado nada si no hubiéramos estado listos para aprovecharla. Dicho esto, no puedo evitar pensar que, si pudiera aprovechar esa oportunidad nuevamente, lo haría mucho mejor. Con lo que sé ahora, con la experiencia acumulada y con una preparación más consciente, estoy seguro de que sacaría muchísimo más provecho de una experiencia como esa. Este pensamiento no me frustra; me inspira. Me recuerda que la preparación no se detiene y que siempre podemos mejorar nuestra capacidad para abrazar las oportunidades que la vida nos pone enfrente.

Y aquí es donde entra una verdad que a veces pasamos por alto: incluso lo que parece un golpe de suerte tiene raíces en una acción previa, una decisión que nos puso en el camino. Tomemos la lotería como ejemplo, ese emblema clásico del azar puro. Ganar la lotería es improbable, sí, pero detrás de ese improbable resultado hubo un acto de fe: comprar el billete. En ese momento, decidiste ponerte en una posición donde la suerte podía alcanzarte. Esto se extiende más allá del juego; sucede en cada aspecto de la vida. Hacer esa llamada, enviar ese correo, asistir a esa reunión que parecía irrelevante… Cada uno de esos pasos es como un boleto que compramos, un movimiento que nos acerca al lugar donde la suerte podría encontrarnos.

Quizás, si lo pensamos con frialdad, el único golpe de suerte verdadero es al nacer. No decidimos dónde, cuándo ni en qué circunstancias llegamos al mundo, y ese primer azar define muchas de las oportunidades y limitaciones que enfrentaremos. Nacer en un entorno que favorezca el desarrollo, en un contexto donde las posibilidades estén más al alcance, es una ventaja que no se gana ni se elige. Pero incluso ahí, la suerte no lo es todo. Lo que hacemos con ese punto de partida, cómo decidimos movernos desde ahí, es lo que determina si las oportunidades iniciales florecen o se pierden. La suerte inicial puede darte un empujón, pero el camino lo construyes tú.

Al final, la suerte no es magia ni un privilegio reservado para unos pocos. Es la consecuencia de estar atentos, de prepararnos para lo incierto, de tomar pequeños riesgos que, acumulados, nos acercan a aquello que buscamos. Es un juego complejo entre lo que controlamos y lo que no, entre el azar y nuestras decisiones. La suerte no espera por nosotros; debemos salir a su encuentro, diseñar nuestras propias oportunidades y, sobre todo, estar listos para tomarlas cuando lleguen.

Suerte

Así que la próxima vez que alguien me diga “tuviste suerte,” sonreiré, pero no porque crea que tienen razón. Sonreiré porque sé lo que hubo detrás: decisiones difíciles, noches de trabajo y momentos en los que dudé si valía la pena seguir. La suerte, como la entiendo ahora, no es un regalo que llega de la nada; es el resultado de moverme, de intentarlo, de no quedarme quieto esperando.

Y aunque siento que en los últimos años la suerte me ha dado la espalda, no pienso detenerme. Sigo trabajando, sigo preparándome. Porque si un golpe de suerte llega, estaré listo para tomarlo y aprovecharlo al máximo. Y si no llega, tampoco pasa nada. Voy a seguir adelante, construyendo mi propio camino, trabajando por mis sueños y, sobre todo, aprendiendo a construir mi propia suerte.

Dónde salió primero

Publicado primero en Medium medium.com/@dfmarulanda/suerte-7d8b93cafe1f · 2024-11-25

Siempre es hoy.

Sigue leyendo

Boletín

Un correo cuando se publica un texto. Sin rastreo, sin patrocinios.

Abre Buttondown en una pestaña nueva. Confirma tu correo allí.